La envidia duele

Diciembre 2010

Ubicado en el sexto puesto en la lista tradicional de los siete pecados capitales, la envidia es el profundo y habitualmente hostil rencor que uno siente hacia alguien que tiene algo que uno desea para sí.

La envidia hace sentir a la persona que la experimenta como alguien inferior, una especie de perdedor atrapado en la maldad. A las personas envidiosas les resulta particularmente difícil apreciar las cosas positivas de la vida pues normalmente están demasiado preocupadas en cómo se reflejan en su yo; a la par, en vez de disfrutar de sus logros intentan compararse continuamente con los otros en la búsqueda de aquello que no tienen.

Ahora los investigadores están comenzando a comprender los circuitos neurales de la envidia y por qué puede llegar a ser experimentada con verdadero dolor. Científicos del Instituto de Ciencias Radiológicas de Japón escanearon los cerebros de 19 jóvenes mientras se imaginaban a sí mismos como protagonistas de situaciones sociales con otros personajes de mayor o menor estatus o éxito.

Cuando a los participantes se los confrontaba con personajes que envidiaban, las regiones cerebrales involucradas en el registro del dolor físico se activaban: cuanto más profunda era la envidia, más vigorosamente se activaban los centros de dolor del córtex cingulado anterior dorsal y otras áreas cerebrales relacionadas. Por el contrario, cuando a las personas se les daba la oportunidad de imaginar que el sujeto envidiado caía en la ruina entonces se activaban los circuitos de recompensa del cerebro en forma proporcional a cuán grande era la envidia: aquellos que sentían una envidia mayor reaccionaban a la noticia de la desgracia ajena con una respuesta más activa en los centros dopaminérgicos del placer.

El director de la investigación asevera que esta es la reafirmación de un refrán japonés: “Las desgracias de los otros saben a miel” pero más allá de la sabiduría popular lo cierto es que la envidia es un sentimiento promocionado por una sociedad sustentada en la competitividad; sin embargo, es a la misma vez el sentimiento más reprimido y menos compartido a nivel social. A las personas les resulta particularmente difícil reconocerlo pero lo sienten como un dolor tenaz, casi llega a ser un dolor físico. ¿Por qué? Porque nuestra cultura, eminentemente competitiva, nos educa para comprender los logros de los otros como fracasos personales; así, la envidia se vivencia como un dolor eminentemente emocional al activarse las áreas cerebrales relacionadas con la monitorización de los conflictos y los errores así como aquellas involucradas en la percepción del dolor.

Fuente: Hidehiko, T. et. Al. (2009) When Your Gain Is My Pain and Your Pain Is My Gain: Neural Correlates of Envy and Schadenfreude. Science; 323(5916): 937 – 939.